Al día siguiente
volvieron al ágora a la misma hora.
María esperaba y cuando
ya estuvieron todos y se saludaron, pasaron a comentar la vida de
Tamar.
Timoteo, comenzó. -
María, cuando Esaú se casó con las mujeres cananeas y Dina se iba
a casar con Siquem, hubo problemas y ahora Judá se casa con Súa y
sus hijos con Tamar también cananeas, y no los hay.
María. - Si, Timoteo, yo
también me lo pregunto y no tengo respuesta, podría ser que los
tiempos cambiaran y cambiaran las costumbres, pero Judá era hermano
de Simeón y Leví y ya ves, pero sucedió así.
Abigail se apresuró a
preguntar. - La Ley del levirato. ¿Que piensas de ella?
María. -Os va a parecer
extraño, pero yo pienso que cada hombre engendra a su hijo igual que
las esclavas, son madres, también.
Timoteo. - ¿Dios mató, tanto a Er como a Onán? ¿Fue un castigo?
María. - Así es como
dice el relato, los hombres tendemos a pensar que Dios no es como
nosotros pensamos o queremos, Dios es Dios da la vida y también la
quita, en cuanto al castigo, Dios hace lo que quiere y es justo y
nada más.
Todos quedaron en silencio
unos instantes y entonces habló María, otra vez.
María. - Con lo que
quiero que os quedéis de todo esto, es que Tamar, al igual que Eva y
Rebeca cambia la historia, no se conforma con su viudedad ni con la
promesa de Selá, se viste de prostituta y consigue lo que quiere,
descendencia, me vais a decir que de una manera impropia, pero a
veces, cuando no hay otro remedio. Tamar se llenó de valentía y
consiguió dos hijos Fares, del cual desciende Jesús y Zara.
Y quedaron hablando de
otras cosas.
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