Al día siguiente Jerusa
estaba conmocionada, había un ir y venir de sacerdotes, fariseos.
Saduceos y el sanedrín entero, estaban todos alterados, los fariseos
llevan sus trajes con sus filacterias mas largas, se diría que iban
a recibir a un personaje, y así era, venía a la ciudad Saulo de
Tarso, Saulo era uno de los líderes de los fariseos cuyo odio hacia
la incipiente comunidad de Jesús era solo comparable al desprecio
que sentía hacia las mujeres, pese que el matrimonio era una
condición de prestigio en la sociedad, él permanecía soltero.
María estaba preocupada
por sus amigos, por María mdJ, por Yago, por Juan, por Timoteo, por
Abigail, por todos sus otros amigos y por ella misma. ¿Que pasaría?.
Pese a todo volvió al ágora para terminar el comentario sobre
Débora y Jael.
Allí estaban sus amigos,
se saludaron y habló Timoteo.
Timoteo. -¿Como te has
arriesgado, María, sabes que está Saulo?
María. - Lo sé, ¿Te
olvidas de Débora y Jael?
Timoteo. -No me olvido,
pero eran otros tiempos.
María. -Todos los tiempos
se parecen, el “Pueblo de Jesús”, está siendo combatido y nada
más.
Abigail. -Pero nosotros no
podemos coger ni espadas ni lanzas.
María. - No, tanto Débora
como Jael, estaban defendiendo a su pueblo y Dios estaba con ellas,
lo que tenéis que reflexionar es que Dios también escoge a las
mujeres, ellas fueron inteligentes y valientes, y supieron
arriesgarse, igual, igual que los hombres, pero no conocieron a
Jesús y ahora para luchar por su “Pueblo”, tenemos que pensar en
Él y hay que luchar de otra manera, quizá mas difícil, como Él
luchó, como El nos enseñó a luchar.
Se disolvieron, pues el
ambiente empezaba a ponerse tenso y María les citó en su casa.
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