BIENVENIDA

He aceptado el catolicismo desde la libertad de mi pensamiento, y soy tolerante con los demás, como también me gusta que lo sean conmigo. Soy hija, madre y abuela,y también esposa, mi edad no creo que sea importante. He sido alumna de la Escuela de Navales y después de ser administrativa, he vuelto a las aulas de la Universidad, no por obligación sino por gusto.
Pinto un poco, escribo un poco y compongo música.
Me gusta la música, el arte, la cocina y un largo ect. de cosas. Y me gusta vivir la vida intensamente.

viernes, 24 de agosto de 2012

DÉBORA Y JAEL, 1

Pasaron unos días, María estaba muy ocupada cardando la lana de los corderos y de las ovejas que habían trasquilado, tomándose un descanso, salió al ágora, pues echaba de menos a sus amigos, así que cuando llegó y los encontró, se saludaron y empezaron todos a hablar, entonces María tomó la palabra.
María. - Hemos de continuar con otras historias. ¿Que os parece?
Todos asintieron.
Abigail. - ¿De quien nos vas a hablar?
María. -Pues de dos mujeres Débora y Jael.

DEBORA         JAEL
Moisés, aquel niño “salvado de las aguas”, había liberado al Pueblo de Dios de los egipcios y lo había llevado a la Tierra Prometida, a través del desierto y del mar Rojo, habiendo recibido de Dios mismo, las Tablas de la Ley en el Sinaí, Moisés dejó como sucesor a Josué.
La vida del Pueblo de Dios en su nueva tierra era difícil, eran combatidos constantemente por los pueblos vecinos y todavía no tenían una estructura de nación, entonces el pueblo rezaba y Dios les enviaba a hombres que lo dirigían, sobre todo en los momentos mas complicados, estos hombres fueron los “Jueces de Israel”. Bueno pues Dios para dirigir a su pueblo y ser representante de Él, escogió a una mujer, que también representaba al pueblo ante su presencia, esta fue la tercera juez de Israel.
Débora, que así se llamaba era esposa de Lapidoth y tenía el “alma ardiente”, era profetisa y aconsejaba al pueblo bajo una palmera en Efraín, tenía un general que se llamaba Barac y en aquel momento había una guerra con los cananeos, Barac fue a comunicarle a Débora que el ejercito enemigo era muy fuerte y que su general llamado Sísara era muy temible. Débora entonces no dudó en acompañarle a la batalla, pero le dijo que la victoria no sería de él. Y así fue como el gran ejército cananeo fue vencido y Sísara huyó despavorido refugiándose en la casa de Jael, esposa de Héber que esperó a que se durmiera y lo mató clavándole una estaca en la cabeza.
Y María terminó.

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