Hacía un buen día, los
habitantes de Jerusa salían al ágora, ya vacía de mercaderes, el
sol ya doraba los edificios y entraba la brisa perfumada. María
paseaba tranquila, cuando de repente aparecieron sus amigos.
Shalom Maria, dijeron sus
amigos y shalom dijo ella y empezó a hablar.
María.- ¿Os habéis
fijado amigos míos que en la historia que os he contado, por la
mañana, solamente se habla de mujeres pues el mismo Amiral esposo de
Jocabed, queda ensombrecido?.
Abigail. -Yo creo que nos
hemos fijado todos, pero ¿Que importancia tienen esas mujeres?
María. -La ley del Faraón
era injusta, hace poco hubo un edicto parecido en Belén, seguro que
vuestros padres se acuerdan, el edicto de Herodes, el primero.
Jocabed, tiene un hijo, se revela contra el edicto y toma la decisión
de que no va a ahogar a su hijo y lo esconde, Jocabed tiene la
capacidad de rebelarse contra la injusticia y asume riesgos, según
la escritura es ella y no su marido la que toma la decisión, luego
le protege y confía en Dios, echándolo a las aguas del Nilo.
Timoteo. -¿Y Mirian?¿No
era una niña?
María. -Si, Timoteo, era
una niña, que recibe un encargo importantísimo de su madre, y lo
cumple a la perfección, vigila a su hermano y ella misma resuelve
con la hija del Faraón lo de amamantar a su hermano por su propia
madre, era mujer y era niña, ¿Que opinas Timoteo, cuando en la
sinagoga nos dicen que la mujer no es importante?
Timoteo. -Que no tienen
razón, la misma Escritura, nos está diciendo que no.
María. -Pues a veces se
pasa por alto. ¿No crees?
Abigail. -María, ¿Y la
hija del Faraón?
María. -Pues la Hija del
Faraón, sabía perfectamente que era un niño hebreo y podía
ahogarlo obedeciendo la ley de su padre, pero no lo hizo, se
compadeció, hundió la cesta y lo adopto como hijo suyo, dándole lo
mejor que podía darle incluso su nodriza-madre, era egipcia, era
mujer. ¿No es admirable?
Y ahí terminó y se
retiraron a sus casas.
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