A la salida de la
ceremonia María y sus amigos se fueron un ratito al ágora, estaban
deseosos de hablar de lo que habían visto y sentido, estaban llenos
de una alegría, tan diferente, que no podían irse a su casa,
todavía.
Cuando llegaron, María
rompió el silencio.
María. - ¿Os habéis
fijado, me imagino y aquellos que conocisteis a Jesús, lo habréis
notado?
es el gran parecido físico
entre madre e Hijo, si la miráis a ella, parece que le estáis
viendo a El.
Timoteo. - Si es verdad, y
también se parecen en los gestos, nosotros le conocimos, “al
partir el pan”, y ella también lo parte de esa manera.
María. - Dices bien, pero
te olvidas que fue ella la que le enseñó a partirlo así, ella partía
el pan todos los días y El estaba allí, ella hablaba, y El estaba
allí, ella actuaba, y El estaba allí, luego El imitaba a su madre,
como todo hijo, así que el parecido no es solo físico si no
también en la manera de actuar y en la manera de ser.
Abigail. -Yo había estado
en algunas ceremonias, pero a nadie le he visto coger el pan y el
vino de esa manera, con ese mimo y cuidado, con ese amor.
María. -Hay milagros que
parecen diferentes, pero son el mismo, cuando el Hijo se encarnó en
María mdJ, fue ella la que le dio su carne y su sangre, luego esa
carne y esa sangre también es la suya y para ella es como tenerle
en brazos nuevamente, de ahí ese amor, ¿Te das cuenta?
No querían irse pero
María les dijo que tenían que hacerlo y que volverían.
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