De noche, María quedó
pensativa, estaba hablando de grandes mujeres lejanas en el tiempo,
pero allí mismo y en esa misma ciudad tenía a la mas importante de
todas a María la madre de Jesús, desde que habían pasado todos
aquellos sucesos no había tenido oportunidad de verla y quería
hacerlo lo deseaba con todo su corazón y pensando en su viaje a
Éfeso, no lo pensó más.
Al día siguiente fue al
ágora, habló con sus amigos, principalmente con Timoteo, para ir
todos a hablar con María (a partir de ahora me referiré a ella
como María mdJ) todos se alegraron y preguntaron a Timotéo cual
sería el momento oportuno. Y Timoteo contestó que María mdJ hacía
una vida sencilla y que algunos días presidía aquel recuerdo de la
“última cena de Jesús”, quizá ese sería el momento.
Y así fue, a los pocos
días se acercaron a la casa de Yago y allí estaba María mdJ.
MARIA
MADRE DE JESÚS (primera
entrevista)
Cuando
terminaron la ceremonia, María y María mdJ se fundieron en un
abrazo.
María
mdJ había envejecido, a través de su toca se le veían los cabellos
blancos, su rostro luminoso estaba surcado por arrugas profundas, sus
ojos serenos se veían cansados y estaba delgada, algo encorvada.
María mdJ tomo la palabra.
María
mdJ. - Shalóm, Sed bienvenidos ¿Que os trae por aquí?
María.
-Shalóm, venimos llenos de preguntas, la primera de ellas es saber
como te encuentras.
María
mdJ. -Como veréis, ya soy anciana pero pese a mis achaques estoy
activa, mi Hijo decía “la mies es mucha y los obreros pocos” y
hay mucha mies. ¿Como podría yo no ser obrera? Sería increíble en
mí.
María.
-Queremos saber de tu niñez y tu juventud. ¿Por que fuiste
escogida?
María
mdJ. -Ni yo lo sé, he sido una niña como otras, he tenido los
mismos problemas, he jugado, me gustaban las fiestas, era alegre,
aprendía todo lo que podía, pues mis padres eran pobres, ayudaba en
mi casa y cuando fui joven, no era llamativa y tenía una
inteligencia normal, no destacaba, pero Dios se fijó en mi.
María.
-Lo que Dios ve, muchas veces es oculto a nosotros, creo que bajó el
arcángel Gabriel.
María
mdJ. Si es verdad él me preguntó, Dios siempre respetó mi
libertad, yo podía decir que no, pero no lo hice, yo dudaba de mi,
estaba sorprendida y temerosa, estaba esposada con José y esto
podría traerme la lapidación, pero acepté.
María.
-Una mujer valiente, sabemos que estás cansada, ¿Nos permites venir
de nuevo?
Maria
mdJ. -Cuando queráis.
Maria.
-Gracias.
Y
María sacó un pedazo de lienzo que había tejido primorosamente con
sus manos y se lo entregó.
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